Autorretrato de Vergara

Bernardo Vergara (Pamplona, 1966) vive en Yéqueda, un pequeño pueblo a seis kilómetros de Huesca. Si algo sobra allí es campo para andar. En sus paseos, siempre va con su libreta, donde toma nota de las ideas que se le ocurren para sus viñetas en El Jueves o en eldiario.es, donde se alterna con su amigo Manel Fontdevila. Su trayectoria como dibujante arrancó a finales de los 80 en el mundo del fanzine, se curtió en revistas infantiles y se consolidó en la citada El Jueves. Desde hace una década se ha convertido en un afilado crítico de la actualidad a través de sus colaboraciones en la prensa.

Vergara acaba de recibir el premio a mejor dibujante de historieta de humor que otorga el Diario de Avisos. Con este motivo como excusa, atiende al teléfono desde Yéqueda.

¿Contento por el Premio del Diario de Avisos?

Sí, claro. Creo que ya es el tercero que me dan del Diario de Avisos… Siempre es bueno ser reconocido.

Decía hace poco Bernal, compañero tuyo en El Jueves, que no se suele tener en cuenta a los humoristas para los reconocimientos.

Sí que parece que a la hora de dar premios se nos pone aparte, como pasa en el cine y la literatura… Pero nunca me he sentido desplazado por estas cosas. Lo importante es pasártelo bien dibujando, que en mi caso es un objetivo que he cumplido. Y luego, llegar a fin de mes, que es la otra gran prueba (risas). Que ahora lo de llegar a fin de mes está complicado… Así que si te premian, mejor, pero si no… ¡Tampoco pasa nada!

Un par de páginas de la libreta de Vergara en 2010.

En la actualidad dibujas una viñeta en eldiario.es, y antes lo hiciste en Público. ¿Cuál es tu forma de trabajar para hacer humor con las noticias?

Por un lado, es importante estar lo más al día posible de la actualidad. Y por otro, no separarte de la libreta en ningún momento. Para mí es un instrumento indispensable. Puedo estar paseando por el campo -porque en el pueblo, si algo tenemos, es mucho campo para pasear- y se me puede ocurrir algo. Nunca sabes cuándo te va a surgir la idea; lo que si sabes es que se te tiene que ocurrir porque has de entregar el chiste o la historieta a tu cliente. Es el manido tópico: que las musas te pillen trabajando. La inspiración en el humor mucha veces no existe. En Público, por ejemplo, en los tres o cuatro años en los que trabajé allí, me encargaban el chiste sobre las 17:00, a veces incluso a las 19:00, porque la viñeta iba sobre el tema de apertura del periódico, y a las 21:00 tenía que estar acabado. Así que en estas situaciones, o se te ocurre o se te ocurre, no hay alternativa.

Todo esto lo haces desde Yéqueda. ¿Cómo se hace humor desde la periferia?
Si no existiera Internet, estaría viviendo en Barcelona, donde tuve mi domicilio durante casi tres años, o en Madrid. Pero ahora podemos estar conectados sin problemas; desde que no hay que mandar las páginas por mensajero ya no existe diferencia. Tengo una vocación de pueblerino muy grande. Si no fuera porque es mejor para mis hijas, por el colegio y demás servicios, el estar cerca de la ciudad, creo que estaríamos viviendo en algún pueblo perdido del Pirineo. Sobre la experiencia de vivir en una ciudad para tratar temas de actualidad en mis viñetas… En realidad los dibujantes que hacemos chistes de política no hacemos costumbrismo, sino, como dice mi amigo Santiago García, crítica de los medios. A fin de cuentas, escribimos sobre cosas que vemos en el periódico o la televisión. Ni estamos en la Franja de Gaza ni en el Congreso de los Diputados, trabajamos con información que escriben los periodistas y con eso hacemos nuestra sátira.

Fragmento de las tres páginas que Vergara dedicó en El Jueves al mundo rural

¿Con qué te lo pasas mejor haciendo humor? ¿Tienes algún personaje con el que los chistes te salen de forma automática?
El Rajoy de la barbilla infinita me da mucho juego. Pero mi favorita últimamente es Fátima Báñez, con ese peinado imposible, ese hablar barriobajero, esa forma de explicar el paro con trabalenguas imposibles, intentando hacernos ver lo que no es… Es un personaje que, no te voy a decir que lo quiera, ni mucho menos (risas), pero que da para grandes gags.

¿Es cierto aquello de que con la derecha los humoristas vivís mejor?
Intento dar palos a todos los lados, pero estoy bastante de acuerdo en que con la derecha se hacen mejores viñetas… Solo hay que ver la de chistes para los que da el PSOE (risas). Hace poco, en una historieta publicada en El Jueves, explicaba que el PSOE y el PP no son la misma mierda, sino mierdas distintas. Esa es un poco mi filosofía con respecto a los dos grandes partidos.

Cada vez los periódicos prescinden más de los dibujantes.
En muchos medios están haciendo limpia y lo primero que quitan son a los humoristas gráficos. Igual es cosa mía, porque soy dibujante y la cabra tira al monte, pero lo primero que leo de los periódicos es la viñeta de humor. Y creo que esto lo hace mucha gente, que busca ahí el editorial rápido, de consumo y, de paso, echar unas risas. Por compañeros me voy enterando de que la prensa española está apartando cada vez a más viñetistas, y es una pena.

¿Cómo valoras tu paso por Público?
Hasta el final, estuve contento en Público. Igual que en El Jueves, o en eldiario.es, nunca me tocaron ningún chiste ni me dijeron “por aquí sí” o “por aquí no”. Tuve una libertad brutal. Podría decir lo contrario porque me dejaron a deber un pastón, pero no. No tuve ningún problema con los tres directores con los que trabajé. La cosa se fastidió con el concurso de acreedores y toda aquella maniobra de Roures y compañía para dejar el negocio y volver a pillarlo sin pagar al personal. Eso sí fue una mierda.

Ahora, tanto Manel [Fontdevila] como yo hemos recalado en el diario.es, que solo está en Internet, aunque publican una revista trimestral, los Cuadernos de eldiarios.es, en donde también hacemos una página cada uno. Ya habíamos coincidido con Nacho Escolar en Público y estamos muy cómodos currando con él.

En la actualidad publicas en El Jueves la serie ‘Los ilegales’. ¿De dónde salió la idea de hacer una página de humor sobre la inmigración sin papeles?

Cuando dejamos de hacer la serie ‘Jaula Magna’ con Ágreda, empecé a pensar un nuevo tema para El Jueves. Es algo difícil, ya está todo muy trillado. Llevaba tiempo dándole vueltas a hacer algo sobre inmigrantes sin papeles, porque, por desgracia, ellos siempre son noticia. No hace mucho hemos visto que había muerto un inmigrante en Baleares porque le habían denegado la asistencia sanitaria con la nueva ley, o un informe sobre maltrato en los CIES, Centros de Internamiento para Extranjeros. Me animé a presentar el proyecto, en El Jueves les pareció bien, y hasta ahora. Hoy he dibujado la historieta 373, así que llevo ya casi siete años con ellos.

'Los ilegales'

¿Es complicado hacer humor sobre este tema?

Hay quien dice que soy muy buenista, que me pongo del lado de los inmigrantes. Igual peco de no hacer historietas con más mala baba, pero es que los inmigrantes ya están bastante jodidos. También me río de mis personajes y me paso con ellos, pero la idea de fondo es denunciar los abusos que sufren, tanto por la xenofobia de la gente como por la legislación de los sucesivos gobiernos que maltrata a los inmigrantes.

Hace tiempo que no se publica un álbum unitario tuyo.

Solo tengo un tebeo con una historia larga hecho directamente para libro. El primero de la colección TMEO, ‘El enemigo del mundo entero‘, una adaptación de un relato de Jack London con guión de Resano que dibujamos J. J. Chas y yo en 1992. Desde entonces no he vuelto a hacer una historia larga, ya solo he publicado recopilaciones, exceptuando los libros de Harry Pórrez, en colaboración con EnriqueCarlos, el primer álbum, y con Víctor Rivas, los otros tres. Eran historias largas, pero se hicieron para ser publicados por capítulos en la revista infantil Mister K, y luego se recopilaron. A veces me apetecería dibujar algo más extenso en solitario, pero no saco tiempo con mis trabajos diarios, pero tampoco lo siento como una necesidad apremiante, espero que me quede mucho tiempo por delante para hacerlo (risas).

Empezaste tu carrera profesional en revistas de cómic infantil, como Super Zipi y Zape y Mortadelo Extra. ¿Cómo ves ese sector ahora?
Es un tipo de publicación que no echo de menos. Hay álbumes infantiles maravillosos, como el ‘Jules’ de Émile Bravo, o ‘Sardina del espacio’, que a mi hija le encanta. El formato revista no aporta nada al lector; recuerdo que cuando leía revistas al final me saltaba lo que no me gustaba y prefería los álbumes con historias completas. Igual con lo que digo voy a contracorriente, pero…

Adelante.

Lo de que es necesario hacer cantera con los críos no lo veo claro. De mayores, leerán tebeos o no, pero no será porque se edite más o menos cómic infantil. No veo una carencia ni una necesidad; a fin de cuentas los tebeos de superhéroes o muchos mangas también son tebeos infantiles. Si lo piensas, los tebeos verdaderamente adultos que se publican son una minoría. Y sin embargo, ahora vivimos la época dorada del tebeo adulto, porque, con excepciones, lo que nos vendían como tal en los años 80, en realidad eran tebeos infantiles con alguna teta y culo añadidos (risas). La novela gráfica, tan denostada por muchos, está trayendo temas adultos de verdad. No por primera vez, porque siempre ha habido francotiradores, pero ahora hay mucha más gente haciendo historias con enjundia. Ojo, y no digo que sea malo hacer tebeo infantil, que ahora mismo me ponía a dibujar uno. Simplemente, la nostalgia de la época de los tebeos para niños en el kiosko, no la siento. Con que los haya en las librerías a mí ya me va bien.

Y antes de dar el salto profesional, fuiste fanzinero.

Empecé en el fanzine Hamelín y después en el TMEO, y aunque seguí colaborando con fanzines, con los años me he ido distanciando, aunque recientemente he colaborado en los dos primeros números de ¡Caramba! y seguiré colaborando gustosamente si me llaman. El fanzine es una forma de publicar historietas que no va a morir nunca. Es la forma de darse a conocer, pero no solo eso. Ahí está el TMEO, que sigue vivo después de casi 30 años y que cuenta con autores profesionales, como Mauro Entrialgo o Santi Orue.

¿Son los fanzines el medio más adecuado para que el autor haga lo que le venga en gana?

Si te refieres a que se pueden contar historias más políticamente incorrectas, que sólo tienen cabida en un circuito alternativo y de poca tirada, no necesariamente. Mucha gente puede dar rienda suelta a sus historias en los fanzines, pero no creo que sean un reducto para publicar cosas que no te publicarían en otro lado. Ahí está otra vez el ejemplo de Mauro, que publica los excesos de Herminio Bolaextra en el TMEO, y después los recopila en álbum y vende mucho más que tebeos con vocación menos ‘underground’ y con vocación de llegar a un público muy amplio. De todos modos, es un mundo que me pilla lejos ya… Creo que si haces buenas historias da igual lo que cuentes y dónde lo hagas. Además, ¿hasta qué punto es público mayoritario una cosa o la otra, cuando vender mil ejemplares de un tebeo ya es un éxito?

¿Lees muchos tebeos?

Intento sacar tiempo. El último tebeo que he leído me ha dejado patidifuso por lo bueno que es. Hablo de ‘Alter y Walter‘, de Pep Brocal. Es un tebeo impresionante, bien dibujado, con una historia genial, una edición preciosa… Es una maravilla, tonto el que no lo lea (risas). También he leído hace poco ‘La infancia de Alan‘, de Emanuelle Guibert. He sido, y sigo siendo, muy ‘tintinero’ y me gustan mucho Tardi, Daniel Goossens, Bluch, que es de mis dibujantes favoritos, Robert Crumb, Franklin, los hermanos Hernández, Clowes, Ware… Bueno, y muchos españoles, ya sé que queda mal nombrar a los amigos, pero Manel Fontdevila, Javier Olivares, Max, Valenzuela…

¿Y manga?

También, sobre todo clásico. Soy muy fan de Tezuka, Sigeru Mizuki, Yoshihiro Tastsumi… En fin, leo mucho, y si no me vienen más autores a la cabeza es por exceso de lecturas más que por falta de ellas.